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ARTISTAS
 
MANUEL DE PAULA
 
 

Llegué al mundo en el año 1956, en el número 16 de la calle Cantarrana, en una Lebrija de barros, hambre y penurias. Soy hijo de Ana de Paula y de Manuel el Caneco, el penúltimo de seis hermanos. Amen de saltos a pistolas, adivinanzas y otros entretenimientos, allí en aquella casa, se jugaba a cantar y a bailar con los hermanos y con los primos. Ya entonces cantineábamos por romances, o arromanzábamos los cantes que íbamos aprendiendo.

El colegio lo pisé poco. Aquellos gitanos del campo pasaban largas temporadas en los cortijos donde no había escuelas. Solamente en las temporadas de muertas de las faenas agrícolas, de vuelta a casa frente al arroyo de Cantarrana, podíamos asistir a algunas clases. El escaso aprendizaje académico se complementaba con lo que escuchábamos en las tardes y noches de las gañanías, donde los niños caíamos rendidos al sueño con las historias que los más viejos contaban, leían o cantaban. Recibí clases de lectura, en los cortijos, del hijo de Juaniquín y particulares, en el Pajarete, de un tal Domingo al que, entre lección y lección, se le iba la mano.

El primero que se da cuenta de que yo podía cantar fue mi primo José que me anima y me convence para que cantara en la caseta de los gitanos de la feria de Lebrija, allá por el 70, donde, llorando yo mismo, hice llorar al los demás al cantar por siguiriyas. La gesta corre de boca en boca por el pueblo y la gente se acerca a mi casa para escucharme cantar. Lo que vino después es parte de las biografías que andan por ahí, por los andurriales: lo del Concurso de Mairena, el de Córdoba… Mi nueva posición de aprendiz de cantaor tenía su taller de trabajo en la casa de la Chacha Fernanda, la abuela de Pedro Bacán, donde me pasaba días enteros y disfrutaba, borracho de cante, como esa mujer paladeaba la melodía, como metía las cosas a ritmo y como cantaba esas letras viejas (más tarde los ensayos del primer disco con Pedro Bacán, los hacíamos en su casa) a veces viajaba hasta Jerez para escuchar a la Tía Bolota, en el Portal, a Tío Borrico, a Soredera, al Serna, a Terremoto, al Tío Chozas….

De la reata de festivales que empecé a frecuentar, el primero, Pulpón mediando, fue el de la Caracolá del año 1972, y luego Mairena, Morón, Utrera…y cuando los fríos arreciaban me metían en los estudios para sacar discos con las letras comprometidas, como era de recibo por aquellos entonces: de esos años salieron “Cante grande de un niño gitano”, 1972; “Fiesta Gitana”, 1973; “Así canta hoy Manuel de Paula”, 1974; “Campo Joven”, 1975; “Romance de Manuel Justicia” de 1976.

Al poco, soy destinado a Pontevedra para cumplir el servicio militar. Las celebraciones previas a mi partida marcan el paso del niño al hombre: el primer cigarro en público simboliza el cambio. En Pontevedra, los domingos por la mañana era el “Romance de Manuel Justicia” lo que sonaba como toque de diana para recibir a las visitas. Recién licenciado, Mario Maya me escucha cantar en la Feria de Sevilla y, al final de aquella noche me invita a formar parte de su compañía. Tres ensayos en el Casino de la Exposición y, aviones por medio, quince días al Teatro Colón de Buenos Aires. Y aquí comienza una diáspora artística de seis años, dos espectáculos, muchos kilómetros y muchos países.

En uno de los huecos de tanto viaje, me caso con una gitanita de Lebrija que vivía en Barcelona. Los años de gira, me enseñaron parte del funcionamiento de los entresijos del escenario, la importancia del cuidado estético y la experiencia de compartir con otros artistas en un espectáculo. Al errante caminar como artista le sumaremos una larga estancia en Israel junto a Miguel Funi.

Continúo con mi presencia en numerosos festivales, Bienales de Flamenco de Sevilla, peñas flamencas, nuevos discos (“Azabache” 1986 y “Lebrija” 1989) apariciones en televisión y circuitos flamencos. Ya por aquellos años empiezo a fraguar en mi cabeza los espectáculos que sueño con ver en el escenario, donde continuar aquella narración de los mayores de mi tierra: “Cachipén”, “El Patio de la Rumbilla”, “An'cá Paula”, “Majarí Calí” y “Nómadas del Camino”.